domingo, octubre 11, 2015

¿Por qué creo que El Patrón del Mal es mejor que Narcos?
11:57 a.m.

¿Por qué creo que El Patrón del Mal es mejor que Narcos?

Los malos generan una fascinación particular en las masas. Quizás sea el deseo de entender las razones de su actuar o lo que atravesaba sus mentes cuando cometían sus fechorías. O podría ser sencillamente morbo.

Y entre los malos modernos, para América entera -no solo latina- un referente claro de la profundidad de la perversión a la que puede llegar el alma humana se encarna en Pablo Escobar, patrón de patrones, capo de todos los capos del narcotráfico.

Se dice que en su mejor momento, Escobar y su Cartel de Medellín controlaban el 80 por ciento del tráfico de cocaína que ingresaba a Estados Unidos. Tanto dinero tenía que, escondiéndose de las autoridades, en una ocasión quemó dos millones de dólares durante una noche fría para mantener abrigada a su familia.

Aún hoy su tumba en Medellín es visitada tanto por curiosos como por delincuentes que buscan su "bendición".

Esta fascinación -que no significa un gusto o simpatía- por Pablo Escobar ha encontrado resultado en varios documentales y libros sobre su vida, y recientemente dos versiones en clave de ficción para la televisión: Escobar, el Patrón del Mal (producida por la colombiana Caracol) y Narcos (producida por la estadounidense Netflix).

Ambas están disponibles ahora vía Netflix. El Patrón del Mal completa y Narcos en su primera temporada.

¿Por qué vi un episodio de Narcos y no la he vuelto a ver más?

Para los "gringos" con Narcos, Escobar es un Tony Montana, un malo poderoso y adinerado, al que un paladín de la justicia estadounidense -el agente de la DEA Steve Murphy- va a combatir. Colombia, en ese contexto, es un lugar extraño en algún punto de América del Sur donde hay mucha selva y por tanto mucha coca.

Esa dinámica es bastante simple, en principio porque no se trata de enseñarle geografía ni geopolítica al público angloparlante, sino cuán malo llegó a ser Escobar. Narcos es, por tanto, la versión enlatada y de exportación de Escobar para Estados Unidos.

Por eso es que algo tan básico como el dialecto paisa es dejado en un segundo plano. Tanto así que el protagonista, Wagner Moura (de recordada actuación en Tropa de Élite 1 y 2) es brasileño y su español paisa es más bien una suerte de portuñol paisa. Algo bastante triste.

Y es que a oídos de un estadounidense todos los latinoamericanos hablamos el mismo español, e incluso el portugués les suena bastante similar, así que no hay mayor problema en que el antioqueño Pablo Escobar sea interpretado por un brasileño.

Esto lo explica muy bien por cierto.


En defensa de los "gringos", para nuestros oídos latinoamericanos, el inglés de un neoyorquino, un californiano y el de un texano todos suenan igual.

En cambio El Patrón del Mal

¿Punto en contra? Tiene el sabor a telenovela colombiana. Dicho eso, no es solo más cercana a la realidad (es una versión libre -y menos innecesariamente anticlerical- del libro documental La parábola de Pablo, de Alonso Salazar), sino que los ambientes y personajes son presentados con mayor fidelidad al contexto colombiano y latinoamericano.

La actuación de Andrés Parra -más allá de la exagerada gordura- es casi perfecta. Tanto que quizás en el imaginario público por algunos años quede grabado el rostro de Parra en reemplazo del de Escobar. Y quién sabe si Parra logre salirse de la sombra de ese personaje en alguna otra serie, telenovela o película.

Finalmente, El Patrón del Mal tiene mucho más de personajes y menos de bala, aunque sin minimizar la epidemia de "plomonía" desatada por Escobar y sus esbirros.

Y terminé la serie completa por segunda vez. Fue tan buena como la primera. Aún no logro pasar al segundo episodio de Narcos.
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