martes, agosto 28, 2012

Diferencia práctica entre un error y una mentira descarada
5:01 p.m.

Diferencia práctica entre un error y una mentira descarada

Portada de Telling Lies, de Paul Ekman, en detalle de bevfanK
Un error es, explicado por la Real Academia Española (RAE), un "concepto equivocado o juicio falso". Bastante simple, pero me gusta más la definición jurídica de la RAE, líneas después, donde lo describe como un "vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe".

La buena fe, las buenas intenciones, aquellas que pavimentan el camino hacia el infierno, como reza la sabiduría popular. "Lo hice pensando que era verdad o que era bueno, pero me equivoqué", se diría.

De hecho, en lo que uno se percata del error, a menos que sea negligente, busca resarcirlo, repararlo. Porque sabe que el error es, en su naturaleza, perjudicial. Hace daño, por tanto se debe corregir.

Una cosa es equivocarse y darse cuenta del error, por ejemplo, en una acusación. Lo lógico en ese caso sería retirar la falsa denuncia. Pero mantener la acusación a pesar de ser consciente de su falsedad, ya es mentir descaradamente. Es buscar hacer daño.

Un ejemplo:

Hace pocos días, una prominente feminista comunista (y seguro tantos -istas más) achacaba una serie de  acusaciones contra la Iglesia, de esas que alimentan las leyendas negras que periodistas como Vittorio Messori (aquí un post al respecto) han desvirtuado ya.

Para perlas, una de esas acusaciones era que la Biblia católica había estado inscrita dentro del "Index Librorum Prohibitorum", el viejo índice de libros prohibidos por la Iglesia. Eso significaría que antes de la década de 1960 ningún católico -¡ni siquiera el Papa!- podría leer la Biblia. La corrección ni siquiera necesitaba de mayor conocimiento histórico sino de una dosis de sentido común.

Como cabía esperar, insistió en el error, que ahora ya era una mentira descarada.

He ahí la diferencia: Hasta antes de que quede aclarada la verdad, un error podría no ser más que tal, e incluso se podría cometer de buena fe. Una vez develada la verdad y ante la persistencia de quien lo realiza, este es ya una mentira descarada y voluntaria.
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