lunes, abril 25, 2011

Keiko Fujimori y Ollanta Humala: Las dos caras de una misma moneda falsa
6:02 p.m.

Keiko Fujimori y Ollanta Humala: Las dos caras de una misma moneda falsa

Imagen: Grupo de Facebook
No soy un fujimorista. De hecho he reclamado desde hace varios años el que la conveniencia política haya recortado el bien bautizado "fujimontesinismo" en dos cómodas piezas: "fujimorismo" (legal, formal, acogido dentro del Congreso) y "montesinismo" (corrupción, culpa entera de don Vlady, defendiendo la posible inocencia de Alberto Fujimori).

Tampoco soy uno de esos fujimoristas encaletados, disfrazados para convertirse en ácidos e incisivos tuiteros/bloggers que reniega a más no poder de la dictadura y que no recuerdan lo bien que fueron pagados en sus revistas, diarios, televisoras por la plata de todos los peruanos. ¡De esos hay tantos!

Menos aún soy un izquierdista rabioso, dispuesto a morder (a falta de fusiles y cócteles molotov) a quien quiera que se enfrente a mi comandante, ¡oh, salve jefe supremo de las fuerzas etnocaceristas-nacionalistas-velazquistas-pensamiento Humala!

Creo, fervientemente, que Keiko y Ollanta son dos lados de una misma, falsa y horrible moneda: ambos representan a ese Perú que busca una mano dura contra el crimen, un gobernante autoritario, por lo que no llama la atención ni el pasado dictatorial del patrimonio Fujimori ni la amenaza también dictatorial del futuro de Humala.

Lo único claro al lanzar esta moneda es que la mayoría de peruanos quiso, en primera vuelta, un gobernante de facto. De hecho me animaría a sospechar que para una buena parte de ese 54% de electores el tener que votar cada cinco años hasta le resulta una tarea incómoda e innecesaria. Preferirían al mismo gobernante hasta la muerte y fin del asunto.

Y hasta aquí yo podría ser un voto viciado más, de esos que al final de los tiempos ni suman ni restan, pero las circunstancias requieren de que se tome una decisión, para bien o para mal, y con el corazón en una mano y el Gravol en la otra.

El flamante Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, me resulta demasiado contradictorio al ofrecer su apoyo condicionado a amarrar a Humala cuando al mismo tiempo afirma que "ningún liberal debe apoyar una dictadura política. Y si lo hace se equivoca, y hay que criticarlo. Yo soy un liberal y nunca he apoyado una dictadura".

Bueno, siempre hay una primera vez y aparentemente esta será la suya.

Y hace bien en encararle Jaime Bayly- con quien (OJO) también discrepo y discreparé por temas de su escandalosa homosexualidad, su apoyo al comercio libre de drogas y al aborto- y recordarle al Nobel que no tuvo reparos morales en cobrarle a José Enrique Crousillat por los derechos cinematográficos de "Pantaleón y las Visitadoras". Ese dinero, no era difícil deducirlo ya en esos años, provenía de Vladimiro Montesinos y la "dictadura política" por la que tanto drama hace.

En esa situación, me veo en la triste y avergonzada situación de votar por Keiko.

No es una opción fácil de tomar el voto por Keiko Fujimori. La dictadura de su padre fue cruel, sanguinaria, corrupta. Pero votar por Humala será incluso algo más cercano a votar por Alberto Fujimori que votar por Keiko, solo que para la izquierda. Y ese es un camino que no se puede tomar, el del retorno a Velasco, el de las nacionalizaciones con la saturación de plazas laborales por socialistas cómodos y con carné.

Y creo que, más allá de una profunda ignorancia (real o "voluntaria") de la historia, no podríamos pensar que la dictadura de Velasco fue más benévola que la fujimorista.

Y si alguna duda quedara del nivel de absoluta intolerancia que desde ya expresan los partidarios de Ollanta por la libertad de prensa y de opinión, principalmente, quedan casos como el de Rosa María Palacios que, por aplicar su consabida acidez y crítica a entrevistados humalistas se ve acosada hasta el cansancio por los que ella llama trolls. Los humalistas han llegado incluso, siempre tolerantes y respetuosos de la objetividad, a crear una cuenta falsa (@RMPfuerza2011, actualmente suspendida por Twitter) de la periodista para mofarse de ella y exhibirla como una partidaria del fujimorismo.

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