martes, diciembre 07, 2010

Vargas Llosa, Alberto -el poeta- y la casa en el barrio alegre
8:50 p.m.

Vargas Llosa, Alberto -el poeta- y la casa en el barrio alegre

La casa de Alberto es la tercera de la segunda cuadra de Diego Ferré, en la acera de la izquierda.

La ciudad y los perros fue el primer libro que leí por voluntad propia, sin hostigamiento docente ni porque, a diferencia de Alvaro Vargas Llosa, mi padre me haya obligado a tener dos horas de lectura. Su estructura dispersa, sus múltiples primeras personas, la identificación escolar, entre otros lujos de mi pirata versión con tapa amarilla me dejaron absolutamente cautivado.

No me siento especial al admitir que me identifiqué bastante con el Poeta, pues estoy seguro que todos los que terminamos escribiendo sentimos una simpatía particular por Alberto. Pero, en un boceto muy primitivo de mi obsesión por encontrarle algo de veracidad a lo que leía, se sembró en mi alma un intenso anhelo de encontrar esa casa en el Barrio Alegre -no el de Huatica-, en aquella calle que le pertenece a la estrecha calle Porta.

Pero vivía en Iquitos, a un millar de kilómetros de Lima, Miraflores, Porta y su Diego Ferré, así que todo quedó como un proyecto abstracto justo a la derecha de buscar el Valle del Cauca y la hacienda donde murió María.

Un par de veces, entré a Diego Ferré pero, sin la directriz del libro a la mano, esos menos de trescientos metros de largo que cualquier caminante desprevenido la tomaría por un callejón sin salida, me resultaban inmensos. Después de todo, era sólo una casa.

Hasta hoy que, inspirado por el emotivo mensaje del flamante y siempre dientón Nobel, me animé a obtener resultados. Salí de mi escondite laboral en La Paz rumbo a medio kilómetro más allá: La casa de Alberto, el Poeta.

El resultado es triste y no merece más que la foto que ilustra este post. Si alguna vez la hubo, que seguro así fue, la casa no está más. Alcánceme la foto quien la tenga, por favor, que aquí no hay más que un hotel.

Y si hay tours en Nueva York por las locaciones de Sex & the City y los hay en Londres por Harry Potter, ¿no sería justo que exista semejante honor popular para nuestro más famoso escribidor? Digo, nomás.

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