martes, diciembre 07, 2010

María tiene la culpa
11:45 p.m.

María tiene la culpa

Monumento a María en Cali (Wikipedia)
He aquí, caros amigos míos, la historia de la adolescencia de aquel a quien tanto amasteis y que ya no existe. Mucho tiempo os he hecho esperar estas páginas. Después de escritas me han parecido pálidas e indignas de ser ofrecidas como un testimonio de mi gratitud y de mi afecto. Vosotros no ignoráis las palabras que pronunció aquella noche terrible, al poner en mis manos el libro de sus recuerdos: «Lo que ahí falta tú lo sabes: podrás leer hasta lo que mis lágrimas han borrado». ¡Dulce y triste misión! Leedlas, pues, y si suspendéis la lectura para llorar, ese llanto me probará que la he cumplido fielmente.

Estas palabras, de nostalgia tan profunda como la novela que se erige en las páginas que le siguen, lo son todo en por qué escribo más sobre realidad que sobre ficción, sin renunciar a los recursos estilísticos de la literatura.

A nadie que haya leído María le puede ser ajena la pena y si debo confesar que alguna vez estuve cerca de llorar con algún libro, fue con este. Sin embargo, el marco de realidad en que se encuentra toda la historia -que Wikipedia me promete tener algo de veracidad- sentenció que indague detrás de cada narración que se topara con mis manos en adelante, inclusive en las más descabelladas.

Aquellas pocas palabras iniciales de Jorge Isaacs, escritas casi como un breve testamento, sembraron en mí la curiosidad que me llevó a escarbar entre las migajas de realidad que dejan los autores de historias fascinantes.

Y ahí también, quizás, comencé a saborear la que sería una incesante búsqueda de la verdad. Pero esa es otra historia.

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