martes, mayo 11, 2010

Es imposible que Jaime Bayly gane las elecciones
2:38 p.m.

Es imposible que Jaime Bayly gane las elecciones

Y no es por su falta de propuesta electoral. De hecho, los candidatos no necesitan una propuesta real, planificada, programada. Todo lo que necesitan es una propuesta populista, algo que gane a la gente, que le haga saborear un imposible. Recuerdo, por ejemplo, que Toledo les prometió a los iquiteños que anularía el  Tratado de Itamaratí. Esas palabras eran miel en oídos charapas, pero era una gran mentira.

De igual forma, la cantaleta de Bayly de que la educación en el Markham es dramáticamente diferente a la de un colegio estatal, suena bonita, lícitamente preocupada, socialmente justa... aunque no haya realmente una propuesta correctiva de la educación peruana detrás.

Pero no, Jaime Bayly no perderá por eso. Eso lo puede superar con su poderosa labia. Tampoco perderá por ser bisexual, porque a muchos jóvenes de estos días invadidos por un progresismo torpe les parece, cuando no gracioso, algo loable.

No, por esas razones -es más- Jaime Bayly podría ganar. El público lo puede llegar a adorar, las masas se podrían llegar a rendir ante él. Por esto Barba, ni corto ni perezoso, fue a regalarle su partido.

Bayly perderá por una razón muy sencilla. Jaime Bayly perderá las elecciones porque le tiene asco al peruano de a pie, porque asquea a los pobres, porque solamente puede verlos por televisión y seguro que le molesta en gran forma el tener que cruzar la ciudad entre el Jorge Chávez y su casa.

Ni sus disfuerzos lo salvarán. Porque una cosa es decir "amo al Perú" y otra muy diferente es comerte tu ceviche de carretilla, con alta probabilidad de futura diarrea. No es lo mismo reclamar los derechos de los niños pobres del país sentado en un cómodo sillón en un bonito estudio televisivo, que abrazar a ese carnicero de mercado, sudoroso y carente de Rexona.

Jaime Bayly perderá porque las campañas políticas no se ganan en la TV, en horario nocturno de los sectores A-B. Las elecciones se ganan en caminatas de barrio, en saludos afectuosos a los potenciales votantes, trepando las escaleritas amarillas de Castañeda de las que tanto se ha mofado.

Para él será como vivir una y otra vez, un episodio de Vidas Extremas.

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