viernes, septiembre 04, 2009

Una arruga muy larga después de trece mentiras cortas
12:17 p.m.

Una arruga muy larga después de trece mentiras cortas

La verdad es que jamás fue mi intención arrastrar una deuda tan pequeña durante tanto tiempo. Pero la contradicción surgió en el mismo instante en el que la deuda se gestó: una extraña mezcla de orgullo con vergüenza, de dulce y ácido (como aquel riquísimo chicle hoy descontinuado).

La tarjeta dorada adicional que cortezmente me había dado mi padre, con la sana y confiada intención de que la use solamente para sacar un ticket beneficiado en la espera del banco, resultó teniendo saldo 0 al pasarla por el POS de Librería Adriática y rebotanto una y otra vez, a medida que la señorita pasaba la tarjeta de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.

Gustavo Rodríguez, el escritor en recreo de publicista, firmaba los autógrafos de los pocos que fuimos y de los menos que compraron. Y la tarjeta que seguía rebotando. Intenté ir al cajero y soñar que sí había saldo y que solo era un problema del POS, pero no. Y mi libro firmado se iba esfumando.

Pero Gustavo se compadeció y financió los treinta y cinco nuevos soles que costaba el libro, me lo firmó recordando el pasado monárquico de mi nombre y me encargó un papel con su número de cuenta en el BCP y su correo electrónico.

Después de eso, el orgullo y la vergüenza entraron en escena: La alegría y la deuda. Y jugaron ping pong mes tras mes, acompañados de mi habilidad para dilapidar mi dinero en los primeros días de cada treintena, y un juego a las escondidas con el papelillo de marras donde Rodríguez había dejado su número de cuenta. Pasaron así casi tres años, hasta que me reencontré con la hoja y los debidos 35 soles en el bolsillo (y más, para cualquier pago de trámite). Resultó aquel día que dicha cuenta ya no existía.

Y no había forma desde entonces de pagarle a Gustavo Rodríguez, mi ídolo de infancia comunicativa. Y qué palta que se acuerde. Y qué palta escribirle a su mail diciéndole "aún te debo".

Y por algún motivo Alfieri resultó teniendo entre los enlaces de su blog a la web de Gustavo, y no pude resistirle a la tentación desvergonzada de avisarle que existo y que le debo.

  1. David Ramos dice:

    Te debo aún -y lo recuerdo con la debida vergüenza- 35 soles. Hazme saber cuando vuelvas por Trujillo. Y perdóname los intereses. Un abrazo.

  2. gr dice:

    Hola David, mejor hagamos una cosa. Con ese dinero compra otro libro igual -si es que te gustó, claro- y regálaselo a alguien que te importe. ¡Un abrazo!


Las fechas deben estar algo mal configuradas, no recuerdo que haya sido en mayo sino quizás en algún mes más reciente. Pero ahí su respuesta, bonachona y con un compromiso que estoy dispuesto a cumplir. Ahora solo falta tener, una vez más, los treinta y cinco soles.

Por cierto, el libro lo leí casi enteramente en un viaje de avión Lima-Iquitos. Genial, aunque sigo prefiriendo La Furia de Aquiles.

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