sábado, junio 06, 2009

Con arcos, flechas, piedras y sí, balas
11:30 a.m.

Con arcos, flechas, piedras y sí, balas

¡Se viene la turba! / Foto: Reuters

Antes que nada, debemos lamentar las muchas muertes ocurridas ayer, en ambos bandos -fuerzas del orden y nativos. Luego, queda claro ya que lo afirmado por el líder nativo Alberto Pizango era mentira, y que indígenas y afines portaban armas de fuego.

Y ya desde ayer en el Facebook, blogs y demás medios de expresión le caían condenas al ejecutivo y loas a los "pobres" nativos. La verdad que me parece muy injusto. Todo colectivo que para ser escuchado o atendido recurre a la violencia, al delito, está en error, desde la toma de una carretera, hasta el ataque contra la propiedad estatal o privada. Así, indígenas, campesinos cocaleros, mineros y demás, se convierten en delincuentes injustificables una vez que agreden a otros ciudadanos (los derechos de uno acaban donde comienzan los de otro).

Este incidente me recuerda bastante a lo acontecido en octubre de 1998 en Iquitos. Yo fui testigo presencial del hecho, del antes y después, por lo que entiendo claramente cuando el presidente culpa a los "politiqueros" por la violencia en Bagua.

En Iquitos se cuece siempre un nacionalismo intenso. Los charapos odian a chilenos (a pesar de los miles y miles de kilómetros de distancia) y a ecuatorianos por igual, mantienen el resentimiento contra Leguía por el trapecio amazónico y, claro, vivieron ardientemente cada conflicto peruano-ecuatoriano de la historia.

En concreto la bronca era por un kilómetro cuadrado en medio de la jungla -que con suerte sólo la fauna propia usaba- cedido al gobierno ecuatoriano como una propiedad privada durante 50 años para "actos conmemorativos y no militares". No faltaron los políticos descabellados (como Iván Vásquez y su Fuerza Loretana) para sentenciar que el Perú estaba regalando territorio otra vez. La tarde del 24 de octubre se desató el salvajismo, probablemente inducido por la presencia del entonces ministro -hoy presidiario- Tomás Gonzales Reátegui. Se incendió el hotel Río Grande, el Palacio de Justicia, la Contraloría, entre otros. Los principales fustigadores, los del Frente Patriótico de Loreto, que días antes no hacían más que llamados a la violencia, se hicieron pasar como mansos y pacifistas corderos tiempo después.

Aún hoy muchos iquiteños siguen soñando que el Acuerdo de Itamarati, que acabó con el conflicto armado del Cenepa, sea descartado. Un sueño imposible por supuesto, pero que politiqueros e incluso el mismo Alejandro Toledo se encargaron de depositar en sus corazones en búsqueda de votos.

Como ven, la jungla está colmada de estafadores, Pizango es sólo uno más. Y sí, los pobladores amazónicos suelen estar muchas veces desinformados de por qué tiran piedras y, lo que es peor, balas.

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