sábado, junio 20, 2009

+1 Ramos
6:23 p.m.

+1 Ramos

Luis Fernando Joaquín (Joaquim según su malhablante progenitor, a la sazón mi hermano) es el nuevo miembro de la familia, pequeño, entre rosado y moreno, de poco más de cuatro kilos, con una pierna que es la mitad de larga que el brazo de su hermano de cuatro años, Renzo.

Podría dedicar este post a analizar el problema de identidad que significará en el futuro, para mis ahora tres sobrinos, el tener tres nombres. Si dos es mucho, imagínense tres. Pero mejor me dedico a derramar la baba que se me cae. O la envidia suscitada.

Como las bodas, los nacimientos al menos en su intención son contagiosos. No negaré que ansío ser padre, aunque naturalmente quedan temas por resolver primero: matrimonio, trabajo rentable, entre otras cosas. En las mujeres es más obvio, y lo exhiben con menos vergüenza de la que anteponemos defensivamente -ustedes saben, nuestra masculinidad, los hombres. Con ese natural desparpajo, Fiore me dijo "yo también quiero uno".

David: "En un par de años, ¿ya amor?"

Hoy fue la primera vez que un pedo no me produce asco, furia, repulsión ni miedo. Esta tarde Joaquín, mientras yo lo observaba retozar en su cama con su manta llena de dibujitos, dejó escapar una ventosidad sin decir "disculpe usted la molestia". Y así, sin más, siguió durmiendo.

Su primer Gran Combo

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